Solo intentaba ser feliz,
matar el miedo que asomaba cada noche en sus ojos entreabiertos.
Sentía que moría cada vez que se miraba, cada vez que recordaba el origen de su enfermedad.
Pues esa no es su definición, simplemente era la ansiedad que le corría por las venas,
la mataba por dentro, por fuera... la mataba.
Intentaba observar detenidamente aquel desastre que, cada día se repetía.
Cada mañana reía y por cada risa un llanto.
Quien sabe porque, quien sabe de quien, quien sabe si volvería a reír después.
Lo que todo el mundo sabía era su nombre, pues nadie su historia y así poco a poco caía sin freno alguno, iba poco a poco desvaneciendo en la caída,
tan lenta y dolorosa era que el desmallo fue solo el principio,
sus piernas no se sostenían,
sus labios ya no se abrían y sus ojos,
que quieres que te diga de sus ojos pues aunque entristecidos se veían, seguían siendo los más bonitos del lugar.
Ese brillo no lo perdía pues era la esperanza que le quedaba,
ya que suelen decir que es lo ultimo que se pierde y gracias a ese brillo alguien puso visualizarla,
mirar su esperanza y sacarla de ese negro pozo que la estaba matando.
Aún así ,aquella niña siempre recaía, era lo suyo eso de ahogarse en la cama, llorar en cada madrugada, la ansiedad la ahogaba,
poco a poco, lenta y dolorosamente, la mataba.
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