Faltaba esa chispa que hiciera saltar todo por los aires,
esas palabras entre dientes que pronunciaban unos labios en sequía.
Faltaba el peso, el beso de un amor prohibido,
que por serlo ni se intentaba.
Era esa brisa, que movía cabellos en días en los que el sol quemaba,
era la sonrisa de la luna,
cuando más llena estaba,
pero aún así le faltaba.
Es justo como estoy yo ahora,
llena pero vacía, por palabras y besos,
Y pesos,
por enrredos que no se si me faltan o me sobran.
Es una nube que sube y baja para rozarte las entrañas.
Imaginando portales, oscuros,
Vestidos de invierno,
en los que te encuentras parejas haciendo de ellos un lugar de cuento.
Son los vestidos, los sentidos de mi ultima noche de bares,
de mi primera mañana de copas,
Es muy sencillo porque todo es mentira,
no tenía vestido, y tampoco sentido,
y todo ello porque no tenía sueños a los que agarrarme,
como podrían ser unos labios, la mirada,
de alguien que no comprendiera las palabras.
Me faltaba tiempo para poder decir que no era nada,
para cambiar la hora de la noche a la mañana,
para darle la vuelta a este cuento que no sé ni donde empieza,
ni donde acaba,
porque simplemente hay historias que no tienen principio,
que no tienen fin,
y solo por el hecho de no ser nada.
Es simplemente que no existen los cuentos de hadas,
ni de brujas,
tampoco los de besos ni miedos que te obligan a deshacerte en mil palabras,
que no saben a nada,
porque todo, es nada.
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